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Por Urko Nalda • Actualizado en diciembre, 2025
Si estáis organizando vuestra ruta por Japón, es muy probable que os estéis preguntando si merece la pena incluir la ciudad de Nara (奈良) en vuestro itinerario. Para nosotros, la respuesta es clara: no os la podéis perder. En este post hemos recopilado una lista con todo lo que ver en Nara basándonos en nuestra experiencia, para que vayáis directos a los mejores rincones. Aquí encontraréis los lugares imprescindibles, desde los templos más impresionantes hasta dónde encontrar a los famosos ciervos. ¿Queréis descubrir cuáles son nuestros favoritos? ¡Pues seguid leyendo!

Nara (奈良) fue la primera capital permanente de Japón entre los años 710 y 794, un periodo conocido como la era Nara en el que la ciudad se convirtió en el epicentro político y cultural del país. Durante esos años se construyeron algunos de los templos budistas más impresionantes que todavía hoy se mantienen en pie, muchos de ellos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La ciudad se encuentra en la región de Kansai, muy cerca tanto de Kioto como de Osaka, lo que la convierte en una excursión perfecta si os alojáis en Kioto o si preferís hacerla desde Osaka.
Seguramente habréis visto mil fotos de los famosos ciervos de Nara campando a sus anchas por el Parque de Nara. Nosotros, antes de visitarla, teníamos esa imagen en la cabeza y pensábamos que la ciudad se limitaba básicamente a eso: hacer fotos con los ciervos y poco más. Pero nos sorprendió muchísimo descubrir que Nara es mucho más que ciervos. Es un día entero rodeados de templos centenarios, santuarios sintoístas con miles de farolillos, pabellones con vistas espectaculares y todo ello en medio de una naturaleza impresionante, con árboles gigantes y estanques de postal. Todo esto hace de Nara una de las mejores cosas que ver en Japón.
La ciudad es bastante compacta y se puede recorrer perfectamente por libre a pie, ya que la mayoría de los lugares de interés están concentrados en el Parque de Nara y sus alrededores. Pero si preferís conocer más a fondo la historia y las curiosidades del lugar, una buena opción es unirse a este Free Tour por Nara, donde un guía os contará todos los detalles que se esconden detrás de cada templo y santuario.
En cualquier caso, para que vayáis a tiro hecho y no os perdáis nada importante, hemos preparado este post con las mejores cosas que ver en Nara.
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Una vez hechas las presentaciones, ¡vamos al lío! A continuación os dejamos una lista detallada con los rincones que más disfrutamos durante nuestra visita y que consideramos paradas obligatorias. Coged papel y boli (o abrid Google Maps), porque aquí tenéis nuestra selección de imprescindibles que ver en Nara.
El Parque de Nara es el corazón absoluto de cualquier visita a la ciudad y el lugar donde pasaréis la mayor parte del tiempo durante vuestra visita. Con más de 660 hectáreas de extensión, este enorme espacio verde fundado en 1880 es uno de los parques más antiguos de Japón y, sin duda, la atracción más visitada por los turistas.
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Lo más importante que debéis saber es que dentro del propio parque se encuentran la mayoría de los templos y santuarios que os vamos a mencionar en esta lista, como el Templo Tōdai-ji, el Santuario Kasuga Taisha o el Templo Kōfuku-ji. Por eso es imposible empezar a hablar de qué ver en Nara sin mencionar primero este parque, porque en realidad es el escenario donde se desarrolla toda la experiencia.
Además de los monumentos históricos, el parque es precioso en sí mismo: senderos rodeados de árboles centenarios, estanques llenos de carpas y tortugas, praderas verdes donde descansar y, por supuesto, más de 1.200 ciervos que campan a sus anchas. La combinación de naturaleza, historia y estos simpáticos animales convierte al Parque de Nara en un lugar único que no os podéis perder.

Imposible hablar de Nara sin mencionar a sus habitantes más famosos y que campan a sus anchas por todo el parque: los ciervos sika. Pero, ¿por qué están aquí? Según la leyenda sintoísta, el dios Takemikazuchi-no-mikoto llegó a Nara montado en un ciervo blanco para proteger la recién construida capital. Desde entonces, estos animales son considerados mensajeros de los dioses, están protegidos y son el símbolo indiscutible de la ciudad, hasta el punto de ser declarados Tesoro Natural de Japón.
Lo más curioso es que muchos de ellos han aprendido a hacer reverencias. Si te inclinas delante de uno, es muy probable que te devuelva el saludo. Obviamente, lo hacen porque saben que así consiguen comida. Por todo el parque encontraréis puestos donde venden unas galletas especiales para ellos llamadas “shika-senbei”. Un consejo: en cuanto compréis las galletas, guardadlas rápido y dosificadlas, porque os convertiréis en su objetivo número uno y os rodearán en segundos.
Aunque son adorables, no hay que olvidar que son animales salvajes. Tened especial cuidado si viajáis en otoño, que es su época de apareamiento, ya que los machos pueden estar un poco más territoriales o bruscos de lo normal. Simplemente sed respetuosos, no los asustéis y tened cuidado con vuestras pertenencias, ¡que son muy listos y pueden intentar llevarse cualquier cosa que parezca comida!

Para nosotros, la auténtica joya de la corona de Nara. El Templo Tōdai-ji es una parada obligatoria y, probablemente, el lugar que más os impresionará de toda la visita. Su pabellón principal, el Daibutsuden (Gran Salón de Buda), ostenta el récord de ser el edificio de madera más grande del mundo, a pesar de que la reconstrucción actual es solo dos tercios del tamaño original.
Dentro de este colosal edificio os espera el Gran Buda de Nara (Daibutsu), una estatua de bronce gigantesca de 15 metros de altura que te deja literalmente sin palabras al tenerla delante. Fijaos bien en los detalles, como su mano abierta que simboliza la bienvenida o los enormes pétalos de loto sobre los que se asienta.
Una curiosidad que no os podéis perder dentro del pabellón es un pilar de madera con un agujero en la base. Se dice que ese agujero tiene el mismo tamaño que la fosa nasal del Gran Buda y la leyenda cuenta que quien consiga pasar a través de él tendrá iluminación y buena suerte en su próxima vida. Veréis a mucha gente intentando pasar (sobre todo niños), así que si os animáis, preparad la cámara.

El Templo Kōfuku-ji fue el templo familiar del poderoso clan Fujiwara y llegó a ser uno de los “siete grandes templos” de Nara, así que no es un templo cualquiera dentro del mapa de la ciudad. Hoy en día forma parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad y está situado muy cerca del Parque de Nara, por lo que lo visitaréis casi sin desviaros de la ruta principal.
Su elemento más reconocible es la pagoda de cinco pisos, que con unos 50 metros de altura es una de las pagodas más altas de Japón y se ha convertido en un auténtico símbolo de Nara. Además de la pagoda, merece la pena acercarse a los salones principales y al museo del tesoro nacional, donde se conservan importantes piezas de arte budista que ayudan a entender la relevancia histórica del templo en la época en la que Nara fue capital. Cerca del recinto también tenéis el estanque Sarusawa-ike, desde donde se obtienen unas vistas muy fotogénicas de la pagoda reflejada en el agua, ideal para sacar la cámara un rato.

Si el Tōdai-ji es el rey de los templos budistas en Nara, el Kasuga Taisha es el santuario sintoísta más importante y mágico de la ciudad. Fue fundado a la par que la capital para protegerla y pertenece también al poderoso clan Fujiwara. Lo que lo hace inconfundible es el camino de acceso a través del bosque, flanqueado por cientos de farolillos de piedra cubiertos de musgo, creando una atmósfera casi mística.
Una vez dentro del recinto principal, el espectáculo continúa con miles de farolillos de bronce colgados de los aleros de los edificios de color rojo bermellón. Dicen que hay más de 3.000 farolillos en total donados por los fieles a lo largo de los siglos. Aunque suelen estar apagados, si tenéis la suerte de visitar Nara a principios de febrero o mediados de agosto, podréis verlos todos iluminados durante el festival Mantoro, una experiencia que tiene que ser inolvidable. Incluso sin luz, el contraste del rojo del santuario con el verde intenso del bosque y el gris de la piedra es una de las imágenes más bonitas que os llevaréis de Nara.
Justo al sur del complejo principal del Kasuga Taisha, se encuentra el Santuario Wakamiya. Es un rincón que mucha gente se pasa por alto, pero que a nosotros nos pareció una joya escondida. Este santuario está dedicado al hijo de los dioses del santuario principal y es famoso por organizar una de las fiestas más antiguas y auténticas de todo Nara.
Aunque el edificio no es tan grande como el principal, tiene muchísimo encanto. Sigue el mismo estilo arquitectónico clásico, con esos tejados curvos y el color rojo intenso que queda increíble entre tanto verde del bosque. El camino para llegar es una gozada, lleno de farolillos de piedra y súper tranquilo, perfecto para sacar fotos con calma.
Si tenéis la suerte de ir en diciembre, podréis pillar el On-Matsuri, un festival brutal que llevan celebrando desde hace siglos para pedir buenas cosechas y salud. Durante esos días hay desfiles con trajes antiguos y bailes tradicionales que son una pasada. Pero vamos, que aunque no vayáis en fechas de festival, el Wakamiya es un oasis de paz que merece totalmente la pena incluir en la ruta.

Aunque técnicamente forma parte del complejo del Tōdai-ji, el Nigatsu-dō merece una mención aparte, no solo por su belleza, sino porque no forma parte de la entrada general del Gran Buda y se puede visitar totalmente gratis y por separado. Este pabellón está situado en la ladera de la colina, un poco alejado del meollo turístico, lo que le da un ambiente mucho más tranquilo y auténtico.
Para llegar hay que subir unas cuantas escaleras, pero creednos que el esfuerzo compensa con creces. Desde su impresionante balcón de madera tendréis, sin duda, las mejores vistas panorámicas de Nara. Nosotros os recomendamos subir al atardecer, cuando la luz es mágica y la ciudad se empieza a iluminar. Además, al estar abierto las 24 horas, es el plan perfecto para cerrar el día o para los madrugadores que quieran ver amanecer sin gente. Es el sitio ideal para sentarse, recuperar el aliento y disfrutar del paisaje sin prisas.

Para cerrar la lista de lugares imprescindibles, no podíamos olvidarnos de uno de los rincones más fotogénicos de todo Nara: el Pabellón Ukimidō. Se trata de un pequeño cenador hexagonal de madera que parece estar flotando sobre las aguas del estanque Sagi-ike, dentro del Parque de Nara.
Es un sitio súper tranquilo, ideal para escapar un poco de las zonas más masificadas y dar un paseo relajante. Si vais en primavera, los cerezos alrededor del estanque crean una estampa de postal, y en verano podéis incluso alquilar una barquita para remar alrededor. Pero si tenéis la oportunidad, intentad pasaros por aquí cuando cae la noche, porque lo iluminan y el reflejo del pabellón en el agua es simplemente espectacular. Es el broche de oro perfecto para vuestro día en Nara.

Para que tengáis toda la información a mano, hemos preparado un mapa de Google con todos los lugares que mencionamos en la lista. Así podéis ver de un vistazo dónde está cada sitio y planear la ruta sin complicaros. Es la forma más cómoda de organizar la visita y aprovechar mejor el día en Nara.
Llegar a Nara es muy sencillo, tanto desde Kioto como desde Osaka, lo que la convierte en una excursión perfecta para dedicarle un día. Desde Kioto tenéis trenes constantes y rápidos: la línea JR Nara Line os deja en la estación de Nara en unos 45 minutos. Otra opción interesante es la línea Kintetsu, que suele tardar un poco menos y os deja más cerca del parque.
Desde Osaka la conexión es todavía más cómoda. Nosotros fuimos desde allí a pasar un día y en unos 35-40 minutos estábamos en pleno centro de Nara. Si contáis con JR Pass, la línea Yamatoji es una opción perfecta. Si no, muchas veces la Kintetsu-Osaka-Nara Line encaja mejor por horarios o ubicación.
Si preferís no preocuparos por transporte ni horarios, hay tours organizados muy prácticos. Desde Kioto podéis contratar el Tour desde Kioto a Nara, con guía y transporte incluidos. Y desde Osaka también hay opciones como el Tour de un día desde Osaka a Nara, que del mismo modo combina los templos más conocidos con un paseo por el parque.

Para visitar Nara y ver lo más importante normalmente con medio día a un día completo es suficiente, dependiendo de lo que queráis incluir. Si solo vais a pasear por el Parque de Nara, ver a los ciervos, visitar el Templo Todai-ji y dar un paseo por la zona central, con unas 4-5 horas se puede hacer bastante bien.
Si queréis añadir templos más alejados como Kasuga Taisha, el Museo Nacional de Nara o dar un paseo más tranquilo por los jardines, entonces lo ideal es dedicarle un día entero. Nosotros, por ejemplo, fuimos desde Osaka y aprovechamos todo el día para movernos con calma, disfrutar del parque y entrar a algunos templos sin prisas.
En resumen, Nara se puede disfrutar perfectamente en una excursión de medio día, pero para explorarlo con más detalle y sin correr, un día completo es la opción más cómoda.

Nara tiene opciones para todos los gustos, pero hay un par de paradas que no os podéis perder. Una de ellas es Mizuya Chaya, un pequeño restaurante muy conocido por sus udones. Es el lugar perfecto para probar este plato tradicional japonés en un ambiente relajado y auténtico.
Para el postre, os recomendamos acercaros a Nakatanidou, famoso por sus mochis recién hechos. Ver cómo los preparan es casi un espectáculo, y además están deliciosos, perfectos para terminar la visita dulce y ligera antes de seguir explorando la ciudad.

Organizar la visita a Nara puede ser muy fácil si tenéis en cuenta algunos detalles prácticos. Desde horarios de tren hasta cómo moverse por el parque, estos consejos os ayudarán a aprovechar mejor el día, evitar aglomeraciones y disfrutar de la ciudad sin preocupaciones. Además, incluimos algunas recomendaciones útiles para que vuestra experiencia sea más cómoda y segura:
Planifica los horarios de tren: revisad los trenes desde Kioto o Osaka para organizar la ida y la vuelta sin prisas.
Llega temprano: el Parque de Nara y los templos principales se disfrutan mucho más por la mañana, antes de que llegue la mayoría de visitantes.
Calzado cómodo: buena parte del recorrido se hace caminando, así que llevar zapatillas cómodas es imprescindible.
Lleva efectivo: muchos restaurantes, puestos y algunos templos solo aceptan efectivo.
Protección de viaje: aunque Nara es segura, siempre es recomendable viajar con seguro. Nosotros usamos Heymondo y podéis aprovechar un 5% de descuento con nuestro enlace.
Tours organizados: si preferís despreocuparos de transporte y horarios, hay opciones desde Kioto o Osaka que incluyen guía y los principales templos y parques.
Prepárate para los ciervos: son simpáticos, pero muy insistentes si ven comida; llevad bolsas cerradas y paciencia.
Cámara lista: Nara tiene rincones y momentos únicos para fotos, especialmente con los ciervos y los templos antiguos.

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Hasta aquí nuestra lista de cosas que ver en Nara. Si ya habéis visitado la ciudad o estáis planeando vuestro viaje, contadnos en los comentarios qué lugares os gustaron más o qué no os queréis perder en Nara. Nos encanta leer vuestras experiencias y consejos para ayudar a otros viajeros a organizar mejor su visita.
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